PARTICIPAR Y COMUNICARSE



QUÉ TE PUEDO CONTAR?

Tratando que alguien –más o menos– se interese en la página, me impuse, como ya he comentado, la presión de renovar un texto por semana. Me complique solito.

No es que no haya tenido la solemne intensión de ponerme a escribir, lo que faltó fueron ideas que acudieran a mi llamado, tenía –tengo– el teclado enfrente pero nada que teclear. Será que carezco de ideas, de pensamientos que valgan la pena comunicarse. Fue por eso que pensé, a falta de ideas, en transmitir sentimientos, y hablar desde lo que le pasa a un tipo con tres decenas de años…, entonces volví a lamentarme por mi falta de ideas.

Tal vez la televisión me quemó la cabeza y no puedo pensar en otra cosa que en la dieta que parece debe realizar un jugador de river; tal vez la monotonía de las noticias sobre la incomprensible exigencia del campo al incomprensible gobierno no le quita la modorra a mi imaginación; quizá el anuncio anunciado de alerta de granizo, que llega con cada nube turbia que se asoma, no estimula la sinapsis. Debo volver a leer con la avidez que alguna vez tuve como hábito. Mis horrendos hábitos actuales les quitaron espacio a sus antecesores. Yo quisiera ponerme a leer, por placer, alguno de los tantos libros que tengo pendientes. Leer me daba ganas de escribir y también me daba material para hacerlo, me despertaba espejismos que quería describir. Pero… el trabajo que urge, los apuntes siempre leídos de apuro, el apuro por vivir apurado para llegar a ningún lado. Todo eso atentando contra mis ya escasas posibilidades de escribir algo medianamente interesante; todo eso y, además, la inocultable falta de talento.

Insistiré, no obstante, en garabatear algunas líneas y ofrecerlas aquí, a mis imaginarios lectores. Ya me planteo posibles futuros temas a tratar. Intento reflexionar, por ejemplo, en si está bien que sigamos engañando a los niños con la insostenible farsa de Papá Noel; una mentira cruel que apenas se sostiene con escarba dientes y cinta scotch, que se derrumba permanentemente por nuestra idiotez, cuando hablamos frente a los chicos como si no estuvieran, o por la idiotez de los medios de comunicación que hacen informes sobre el precio de los regalos, y por último, la no idiotez de los pequeños, que nos embaucan ocultando su conocimiento y haciéndose pasar por creyentes para recibir los regalos. Pero no tengo mucho más que eso para decir al respecto, además de que no entiendo porque hay que mentirles así a los niños, abusándonos de su inocencia.

Especulo con la esperanza de que los lectores, por su fundamental condición de imaginarios, no realizarán quejas sobre la calidad de los textos, ni sugerencias, ni comentarios, ni señales de que pasaron por aquí y se detuvieron unos minutos.

Otro posible tema era la pena de muerte. Pero para debatir mal el tema ya están los medios y las vedettes de los años 70. No hace falta, me parece, contribuir con más ignorancia, con la mía propia, al debate. Sólo puedo decir que no me siento capaz de decidir si alguien debe vivir o no, y también que no se puede acabar con el canibalismo comiéndose al caníbal (eso lo leí en algún lado y le encontré mucho sentido).

Gracias por la paciencia a quienes se asocian a este humilde club sin beneficios. No puedo pedirles que insistan en buscar aquí algo que valga la pena ser leído, pero sepan que lo intento cada vez, a pesar de que los resultados no lo demuestren.


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